martes, junio 21, 2005

Tradición militar

Al menos una vez en la vida uno tiene que haberle hecho guardia a Pinochet en el Hospital Militar. Como periodista, digo.

Es toda una tradición, casi folclórica, una práctica que a pesar de rutinaria, nunca es igual a la anterior.

Y lo interesante está en que la ocasión puede llegar a transformarse en el episodio trascendental del (llamémoslo así) caso Pinochet, así como también puede sólo quedarse en un capítulo más de esta larga historia. Pero nunca dejará de llamar la atención.

Hoy, como siempre hasta ahora, fue sólo un capítulo más, uno con igual grado de importancia que los anteriores, pero a la postre sólo uno más.

Pero, como ya dije, nunca el último es igual a los anteriores.

Hoy caía agua y hacía frío. Y el sacrificio reporteril era evidente al observar al grupete de reporteros, gráficos y asistentes guarecidos bajo uno de los pocos refugios frente al hospital: la guardia, que en sus vidrios polarizados reflejaba las caras congeladas de las jóvenes periodistas que no disimulaban su frío, y de los más avezados - y otros no tanto- reporteros con paragua en mano.

La espera no es tensa - y eso ya destruye al cliché- así que no se hace larga ni aburrida. Ya todos conocen el sistema, por lo que no cuesta avizorar el futuro. Saldrá algún general a media mañana en un auto blindado y dirá que todo está normal como siempre y luego vendrá el parte médico que dirá, dirá… eeemmm, no dirá nada, salvo entregar los nombres técnicos de los procedimientos o tan sólo avisar que el señor está en observación y que el próximo comunicado se entregará mañana.

Entremedio hay que conversar sobre el caso Lavandero, o sobre la situación de Espina en Colo Colo, o también contar el último capítulo de Brujas o de La Granja VIP. Claro, también toca correr al otro extremo del hospital, donde se está yendo Marco Antonio (Pinochet, no Solís) para sacarle la cuña que salve la jornada. En el pique, adiós paraguas y a resistir la lluvia que moja sin compasión. No pocas grabadoras sufren algún desperfecto y para qué hablar de los pantalones o los zapatos o zapatillas… hoy nadie vino con botas.

Con el relajo, luego de despachar urgente al diario, canal o radio, vuelven las tallas y la "guardia" continúa.

A estas alturas, el reporteo hecho a esas fuentes indirectas que siempre aportan más que las oficiales, permitió conocer que se desmayó en la mañana porque tuvo "accidentes vasculares mínimos". En palabras reporteriles, aplicó el plan "Operación Hospital Militar" que implica el desvanecimiento inducido en vísperas de una nueva revisión de desafuero por algún caso de derechos humanos en alguna corte (por lo general de Apelaciones o Suprema) de Santiago.

La salida de un ex uniformado en un blindado rojo con una rubia impecable es la última alerta del día. Vuelan los micrófonos, las grabadoras y las cámaras, unas dan en mi cabeza y otras en la del general. Ahí, prácticamente hincado a un lado del vehículo trato de hacer preguntas y de rescatar la segunda cuña del día. Pero no hay tal y a pesar del esfuerzo, de la molesta llovizna y de la incómoda posición, obtenemos un cero como resultado. Sólo uno que otro dato sirven para darle más color (de descripción) a la nota. Pero ya lo sabemos… éste no es el capítulo final, sino uno más.

Para algunos es hora de almorzar y para otros, de despachar. Es el fin de la jornada. Chao compañero, será para la próxima. ¿Cuándo nos volvemos a ver? Ah sí, el día antes del próximo desafuero.

2 Comentarios:

Blogger eat-desserts dijo...

Me parece clever de tu parte haber puesto tu direccion en el blog del Rafa Cavada. Ahora tendras alguien mas que te lea de ves en cuando.
Don't let me down!

24/6/05 15:37  
Blogger Tony dijo...

Ta bueno el Blogg.......
Gracias por el mensaje en el mío.........Soy estudiante de periodismo y hasta el momento no he tenido que hacer guardia a Pinocho y espero que nunca tenga.....

24/6/05 16:48  

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