sábado, mayo 28, 2005

Antuco, again?

Quería escribir sobre Antuco otra vez. Pero ya es mucho. De ser un pueblo más de nuestra desconocida geografía (se dan cuenta que existen muchos lugares que uno no conoce. Hoy aprendí que existe uno que se llama Puelo), Antuco pasó a ocupar una posición de privilegio entre los más manoseados del último tiempo.

Lo curioso es que los pobres vecinos de Antuco viven al menos a media hora (y un poco más si el camino está tapado por la nieve) del lugar donde ocurrió la tragedia. Es decir, Antuco no es más que un punto de referencia, quizás lo más próximo a la zona cero, pero en ningún caso el telón de fondo del conocido descalabro militar.

Conocí Antuco el jueves 19 cerca de la medianoche. Llovía y la carretera que lo atraviesa ya evidenciaba una peligrosa capa de hielo. Sin embargo, pude percatarme que las casitas están todas pintadas con tonos pasteles, que las calles son chiquititas, que luce un aspecto ordenado y con muy buena iluminación.

El sábado que siguió pasé de nuevo, de día esta vez, y noté algo más. Que tiene poca vida, o que más bien, el frío que hace tiene a todos encerrados en sus casas. Por las calles no circula más nadie que el viento helado que nos hace recordar que somos humanos. Vivir en Antuco no es fácil, menos para un capitalino acostumbrado al ruido, al desorden, al constante movimiento de todo y todos.

Pero es lindo Antuco. Frío pero acogedor, apagado pero pacífico (y uno a veces necesita de esa paz).

Lástima que ahora todos hablen de Antuco con ese dejo de tristeza, rabia, impotencia, incomprensión, en fin, un cúmulo de sentimientos ingratos por la muerte de 45 cabros chicos. Claro que, si no hubiera quedado la cagada que quedó, quizás nunca hubiéramos hablado de Antuco. También eso es una lástima.